De
lunes a jueves... todo enlazado, todo concatenado y preparado para
seguir el ritmo del tiempo sin opción a pensar ni a sentir. Un camino ya
marcado en el que sólo se deben seguir las líneas pintadas, sin
embargo, de viernes a domingo, todo cambia... empieza la otra semana, mi
semana!
Llega
el día favorito, el ansiado viernes; son como las 24h mágicas en las
que, si no se consigue lo deseado, habrá que esperar una semana más...
El día en el que todo puede ocurrir y todo se puede cumplir; ese día que
ansías durante los otros 6.
El
sábado, transición de descanso y ocio... aprovechado para lo que no se
puede hacer el resto de la semana; no está mal aunque tampoco indica
nada especial, lo único, la falta de madrugar.
Y,
aunque anuncia la decadencia de lo bueno y el regreso a la actividad
frenética, el fabuloso domingo... ese día que, como bien dice el Señor,
es momento de paz, tranquilidad y relajación. Día para la dedicación
íntegra personal; para pensar, leer, pasear, escuchar, pintar... eso que
sólo da calma sin dejar que el pensamiento interfiera más allá de una
reflexión objetiva.

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