Una palabra es suficiente para sentirte
tocando el cielo o hundido bajo él. Una mirada es suficiente para
descubrir que la vida es perfecta o te ha dado la espalda esta vez. Una
caricia es suficiente para encontrar el calor que buscabas o helarte la
piel. Un segundo es suficiente para vivir el instante más intenso o para
perder lo que siempre fue.

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