Llegar a casa al final de la tarde donde te espera una copa de vino y una compañía, antes de la preparación de la última comida del día...
- Mira, te has fijado?; ya es de noche!...
- Parece mentira cómo se van notando ya los días...
- Me gusta cómo la oscuridad va absorbiendo al día, acompañada de una temperatura agradable...
- Pronto desaparecerá la calidez de las noches, transformándose bruscamente en un frío penetrante...
- También me gustará...
- L
Tomado del blog "sueños a contraluz", que merece la pena leer.
VOLVER: «Cuando volvamos a encontrarnos,
recuérdame que te debo una historia». Removía el contenido de su taza
rememorando aquella frase que él le dijo cuando se conocieron, justo
antes de despedirse para meses después reencontrarse y no volver a
separarse más. Había llovido tanto desde aquello.
Él, sentado frente a ella, prestaba su atención a la pantalla de
su teléfono móvil. No hubo palabras durante el desayuno, dos o tres
frases sueltas durante el almuerzo, y apenas brotaron unas cuantas
durante la cena. No recordaba cuánto tiempo hacía desde la última vez
que habían mantenido una verdadera conversación. No de las habituales de
qué tal el día, donde ninguno escuchaba interesado la respuesta del
otro hasta el final; sino de las auténticas: de las que pueden faltar
palabras pero jamás se pierde el brillo en la mirada, de las de me he
fijado que cuando vistes de azul estás más alegre que cuando lo haces de
negro, ¿va todo bien? O en las que previamente se prepara la comida
favorita sin venir a cuento, acompañada de velas y un buen vino; o esas
que se encuentran al salir de la ducha escritas con el vaho en el
espejo…
Lo decidió esa misma noche, haría las maletas al día siguiente.
Cogió el tren a las nueve en punto de la mañana y llegó a su
destino a las siete del día anterior. Compró pan recién hecho cerca de
la estación, y al llegar a casa deshizo su maleta, se dio una ducha y se
vistió con su falda favorita. Una vez en la cocina, preparó tostadas,
puso la cafetera y adornó la mesa con las flores que le robó a la única
maceta que reposaba en la ventana de la cocina.
Él llegó somnoliento, inducido por el olor del café recién hecho.
No traía su teléfono, quizás olvidó dónde lo había dejado.
—Estás muy guapa esta mañana —dijo al tiempo que ella le devolvía
una sonrisa—. ¿Qué historia es esa que dice en el espejo que me debes?
—La que acaba de empezar.

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