sábado, 22 de diciembre de 2007

PAPEL ARRUGADO



PARA TI




Mi carácter impulsivo, cuando era niño, me hacía reventar en cólera a la menor provocación; la mayoría de las veces, después de uno de éstos incidentes, me sentía avergonzado y me esforzaba por consolar a quien había dañado. Un día mi maestro, que me vio dando excusas después de una explosión de ira, me llevó al salón y me entregó una hoja de papel lisa y me dijo:


- ¡Estrújalo!


Asombrado obedecí e hice con él una bolita.


- Ahora -volvió a decirme- déjalo como estaba antes.


Por supuesto que no pude dejarlo como estaba, por más que traté el papel quedó lleno de pliegues y arrugas.


- El corazón de las personas -me dijo- es como ese papel... La impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.


Así aprendí a ser más comprensivo y paciente. Cuando siento ganas de estallar, recuerdo ese papel arrugado.La impresión que dejamos en los demás es imposible de borrar...Más cuando lastimamos con nuestras reacciones o con nuestras palabras... Luego queremos enmendar el error pero ya es tarde.


Alguien dijo alguna vez - "Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el silencio"-. Por impulso, no nos controlamos, y sin pensar, arrojamos en la cara del otro palabras llenas de odio o rencor y luego cuando pensamos en ello nos arrepentimos. Pero no podemos dar marcha atrás, no podemos borrar lo que quedó grabado en el otro. Muchas personas dicen: -"Aunque le duela se lo voy a decir-... o -La verdad siempre duele-... o -No le gustó porque le dije la verdad.-"...


Si sabemos que algo va a doler, a lastimar, si por un instante imaginamos cómo podríamos sentirnos nosotros si alguien nos hablara o actuará así... ¿Lo haríamos?


Otras personas dicen ser frontales y de esa forma se justifican al lastimar: -"Se lo dije al fin-... o -¿Para qué le voy a mentir...?- o -Yo siempre digo la verdad aunque duela-"...Qué distinto sería todo si pensáramos antes de actuar, si frente a nosotros estuviéramos sólo nosotros y todo lo que sale de nosotros lo recibiéramos nosotros mismos. ¿No? Entonces sí nos esforzaríamos por dar lo mejor y por analizar la calidad de lo que vamos a entregar.


¡Aprendamos a ser comprensivos y pacientes!¡Pensemos antes de hablar y de actuar!





Llévatela contigo que a mí

me está volviendo loco;

menuda hembra, cómo es,

mucha experiencia hay que tener para domarla un poco.

Llévatela contigo que a mí

me está volviendo loco;

también la quiero conquistar

pero es tan brava que al final no puedo yo tampoco.

Torero, para estar a su lado hay que ser torero

y medir la distancia que va a su cuerpo.

No hay que andar confiado ya en su terreno porque,

porque pueden herirte sus ojos negros...

Torero, hay que ser tan valiente como un torero

para ir sin capote a robarle un beso.

Para hablarle de cerca, sin burladero, hay que ser torero, torero, torero...

Llévatela contigo que a mí

me está robando el sueño

porque la quiero enamorar pero me falta habilidad

para cambiar su genio.

Llévatela contigo que a mí

también me roba el sueño

porque no tiene corazón y es peligrosa en el amor;

yo ya le tengo miedo.

(El puma y Julio Iglesias)

2 comentarios:

gatina dijo...

Cómo me gusta esa historia, no la conocía pero me siento muy identificada.

Nunca me gustó la excusa de la verdad para hacer daño. Hay maneras y maneras de decir las cosas. Seguro que yo no lo hago de la mejor forma, pero lo intento. Me considero sincera, pero hay cosas que no es necesario decir.

Un día un buen amigo me dijo que siempre intento decir las cosas de la mejor forma posible.

Y es que, hay palabras que significan lo mismo, pero duelen menos.

BERTA dijo...

Esta historia me la contó uno de los mejores profesores que he conocido y la conseguí en power point; es muy bonita, busca en google "papel arrugado" y te aparece en presentación.
Aunque a mí siempre me dicen que de 50.000 maneras posibles que hay para decir algo que no gusta demasiado, siempre elijo la peor, lucho cada día porque eso no sea así.
Nunca sabemos el daño que podemos causar con nuestras palabras y para evitarlo, la mejor opción es antes de hablar, pensar en que estamos del otro lado: la empatía debería ser una obligación ciudadana.
Besos