La segunda parte buena de la llegada del frio: ¡¡¡LA NIEVE!!!
Además de podernos acurrucar a nuestros más "apreciados" seres queridos, cosa que en verano lo tenemos casi prohibido, (aquí podemos alcanzar los 40 grados, tranquilamente; las noches se pasan dando vueltas de la ducha a la cama porque las sábanas se pegan; hasta las 05:00 ó 06:00 de la mañana no se puede pegar ojo; hasta las 20:00 ó 21:00h no se puede salir a la calle porque te quedas pegado al asfalto; olvídate de ir a tomar algo a los bares porque, o las terrazas están petadas, o dentro no se puede respirar;... ya no vamos a hablar del olor a humanidad que se forma en los bares de copas.), con la excusita del frisqui, podemos crear situaciones más allegadas; pero bueno, esa es la primera razón por la que adoro el frio, y la segunda es mi entretenimiento favorito: esquiar.
La primera vez que lo probé fue hace ya 7 años; cosas del azar, como casi todas las buenas mías, me llevaron a arriesgarme a ir a Andorra porque salía una excursión muy bien de precio y, digámoslo así, necesitaba irme unos días, lejos de mi cabeza: qué mejor forma que tenerla sólo en no despeñarse por alguna pista de nieve virgen...Desde que lo descubrí, no puedo olvidarlo y, aunque sólo puedo ir una vez al año (el sueldo no da para más vacaciones), aprovecho esa semana como la última de mi vida.
Qué decir de Andorra, de sus pistas, de sus hoteles de montaña, de sus refugios, de sus calles empinadas, de sus tiendas (os prometo que, diga lo que diga la gente, es lo peor de allí), de Caldea (el paraíso más romántico que he conocido, con sus jakussis al descubierto, cayéndote la nieve encima,... aunque si estuviera menos saturado, mejor)y, cómo olvidarlo, sus monitores argentinossssssssssss (digan lo que digan los españolitos, son una raza a parte, a quienes deberían imitar, porque aunque según ellos (los macho-man de aquí), son unos embaucadores, para llevarte la patada igual, ¡prefiero que sea con ternura!)El año pasado no pude ir porque por culpa de lo que estamos haciendo con nuestro preciado planeta, en las fechas que iba no había nevado nada, así que lo cambié por Lanzarote que, aunque no estuvo nada mal (ya lo contaré más adelante) sinceramente, no fue lo mismo, y me sigo quedando con Andorra.
Todavía no sé si podré ir este año, el trabajo y economía lo dirán más adelante, pero aunque no pueda ser tampoco, no descarto alguna escapada a San Isidro (León), para, por lo menos, quitar la necesidad de libertad que aporta la nieve.
Nunca me he sentido presa, ni mi sueño ha sido volar (me conformo con poder parar el tiempo), pero la sensación que produce el esquí es algo que sólo siento haciendo eso y que jamás imaginé que fuera tan fabulosa.
Es la mejor semana del año y la añoro los 365 días.No soy gran esquiadora, de hecho, soy bastante pato y no ha habido ningún año que Mai y yo hayamos venido sin historias para contar de los trastazos recibidos (el último fue la caída de un telesilla en marcha de la que pensé que no salía...)pero merece la pena todo, total de sentir el aire de bajada en la cara, el aire puro recorriendo cada poro; y como soy un auténtico despiste, el bajar cada pista como si fuera la primera vez: llevo 7 años yendo al mismo sitio y si no fuera por Mai, no sabría por donde debo bajar; nunca sé cuál es la dirección a seguir...
Maravillosa nieve, maravilla del esquí... habrá que pensar traernos aquí la Sierra y poder ir todos los días a hacernos unas bajaditas en lugar de mantenernos en forma en el gim...Habrá que proponerlo; ¡por qué no!
1 comentario:
Mai es la de beige y negro; yo, la que queda, de blanco y azul.
¡¡¡MAI!!! Esto va por ti; como te voy a dejar fuera, mi compañera, mi amiga, mi pañuelito de lágrimas y, sobre todo, la risa que pones donde a veces falta.
A ver si repetimos nuestras hazañas y nos volvemos a reir del mundo y ¡Qué nos quiten lo baila'ó!
Publicar un comentario