En la finca Maradela, entre Zamora y Toro, se encuentra una magestuosa encina; en la zona se la conoce como la encina del beso... Porque, cuenta la leyenda, cada mañana paseaban por el lugar una pareja de enamorados_ ella, la diosa Maradela; él, un mortal_ Uno de los días decidieron madrugar más, salir más temprano, ver amanecer y contemplar la apertura de los nenúfares en el estanque de la villa cuando fueron sorprendidos por un emisario del padre de Maradela; allí se personó para infiormar a la joven, darle la más amarga noticia:
“Maradela_
bella Diosa, bella mujer: has de partir del mundo terrenal hacia el
reino que te pertenece. Sólo desde allí podrás cuidar y proteger el
destino de los hombres; si permaneces más tiempo aquí perecerás, pues no
es tu destino.”
Entre lágrimas desconsoladas, ambos enamorados se despidieron amargamente jurándose amor eterno... Desde
entonces_ y, según cuentan antiguas voces_ los nenúfares siguen abriendose
en honor a Maradela, Diosa protectora del lugar.
