A veces el amor tiene caricias frías como navajas de barbero; cierras los ojos, das tu cuello entero a un peligroso filo de delicias...
Otras veces, se clava como aguja irisada de sedas en el raso del bastidor; raso del lento ocaso donde un cisne precoz se somorguja...
En general, adopta una manera belicosa de horca y cuchillos, de lanza que viste o de falcón en mano... pero, es lo más frecuente, que hiera con ojos tan serenos y sencillos como un arroyo fresco en el verano...
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