Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.
Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.
Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.
Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.
Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.
And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.
Dylan Thomas (Swansea, Gales 1914-Nueva York, 1953)
la vejez debería arder y delirar al terminar el día.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.
Aunque los sabios reconocen al morir que,
Aunque los sabios reconocen al morir que,
la tiniebla es justa
porque ningún relámpago ha clavado sus palabras,
no entran dócilmente en esa plácida noche.
Los buenos, que en el último gesto lloran por el brillo
con que sus frágiles actos hubieran podido bailar en una verde bahía,
rabian, rabian contra la agonía de la luz.
Los salvajes, que atraparon y cantaron el sol en vuelo
no entran dócilmente en esa plácida noche.
Los buenos, que en el último gesto lloran por el brillo
con que sus frágiles actos hubieran podido bailar en una verde bahía,
rabian, rabian contra la agonía de la luz.
Los salvajes, que atraparon y cantaron el sol en vuelo
y, demasiado tarde, aprenden que lo han apenado en su camino,
no entran dócilmente en esa plácida noche.
Los solemnes, cerca de la muerte, que ven con mirada cegadora
que los ojos ciegos pudieron brillar igual que meteoros y alegrarse,
rabian, rabian contra la agonía de la luz.
Y tú, mi padre, allí en la triste altura,
maldice, bendíceme ahora con tus lágrimas feroces, te suplico:
no entres dócilmente en esa plácida noche;
no entran dócilmente en esa plácida noche.
Los solemnes, cerca de la muerte, que ven con mirada cegadora
que los ojos ciegos pudieron brillar igual que meteoros y alegrarse,
rabian, rabian contra la agonía de la luz.
Y tú, mi padre, allí en la triste altura,
maldice, bendíceme ahora con tus lágrimas feroces, te suplico:
no entres dócilmente en esa plácida noche;
rabia, rabia contra la agonía de la luz.

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