sábado, 23 de agosto de 2014

ENTRAÑABLE...

En una de las visitas al centro de salud, coincidí con una pareja especial...
Era la primera vez que los veía, seguramente no los recuerde si me vuelvo a colocar enfrente, pero me transmitieron tanto sin hablar...
No pronunciaron palabra durante la larga espera, no- que yo viera-, pero decían tanto...

Tendrían unos 80 años muy bien llevados, o quizá sólo pasaban los 70 con mucho esfuerzo y sufrimiento a sus espaladas; esa edad indefinida que sólo eres capaz de ubicar por décadas...
Ella debía estar enferma, no parecía una simple visita rutinaria ni una necesidad de recetas...
Él, sentado a su lado, con la mirada perdida y ausente...
Parecían una pareja normal, habituales; como tantas y tantas otras. Hartos de los años, de los propios y de los de al lado; hartos de la costumbre, de la rutina, de la vida en general... hasta que algo hizo que me diera un vuelco el corazón...
Allí sentados, ambos con una mirada meditabunda al frente, parecían obviarse; de repente, como si algo les hiciera percatarse de qué y a quién tenían al lado... 
Ella agarró su mano con fuerza, entrelazaron sus dedos, apoyó su cabeza en su hombro y, pareció que volvían 50 años atrás con chispas e ilusión en unos ojos aparentemente apagados; y, pareció que el sufrimiento de los años y la preocupación presente se disolvían al encontrar la piel del otro como consuelo. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Entrañable y envidiable

BERTA dijo...

Lo segundo, por lo primero... mucho!!!
Creo que, excepto las miradas a los hijos, no hay nada más evidiable y lleno de ternura que ver còmo, dos cuerpos que han envejecido juntos, caminan aún con las manos agarradas...