Hoy es el día internacional de la mujer y, como todos los días específicos, parece que es el único en que se valora lo que se celebra...
No creo en un feminismo en el que el fin sea superar al hombre o creernos superiores; discusiones infinitas de ver quién vale más cuando ambos sexos saben que somos, por igual, imprescindibles y que nos adoramos y no podemos vivir sin el opuesto.
Siempre he creído que los dos sexos se complementan y ayudan a la perfección global, corrigiendo las limitaciiones del otro; para mí, la unión y necesidad de ambos sexos es la mayor idea y explicación de simbiosis de la Naturaleza.
Odio el machismo y feminismo, propiamente dicho; adoro la unión de lo masculino y femenino pero, con todo lo que la sociedad ha pasado hasta el siglo XIX para conseguir que ambos sexos puedan tener voz y voto por igual, valoro que se dedique un día a recordar que, "antes", la mujer era una sierva y estaba infravalorada. Por ello, en un día como hoy hago una pequeña mención al reconocimiento.
Porque creo que a todos nos encanta que nos valoren, admiren, idolatren, mimen, cuiden y nos digan cuándo hacemos las cosas bien... hoy un pequeño homenaje para evitar el retroceso y que sigamos teniendo claro que todos aportamos mucho, independientemente del emparejamiento cromosómico que nos haya tocado.
No nos olvidemos nunca de valorar a las personas! Ni ellos ni ellas, es muy bonito escuchar de quien se quiere "me gusta cómo haces esto", "Me gusta cuando haces...", "qué bien te sale..."
Es muy importante admirar y valorar a quien tenemos al lado pero, lo es tanto, sentirnos valorados.
FELIZ DÍA!!!!
MAMÁ SE VA A LA CAMA...
Mamá y Papá estaban mirando la televisión cuando Mamá dijo: "estoy muy cansada, es tarde... me voy a la cama"; entonces, se fue a la cocina a preparar los bocadillos para el día siguiente, puso en remojo los recipientes de las palomitas, sacó la carne del congelador para la cena de mañana; controló si quedaban bastantes cereales, llenó el azucarero, puso las cucharitas y los cuencos del desayuno en
la mesa y dejó preparada la cafetera. Puso la ropa húmeda en la
secadora, la ropa sucia en la lavadora, planchó una camisa y cosió un
botón; recogió los juguetes, puso a cargar el teléfono y guardó la guía
telefónica; regó las plantas, ató la bolsa de basura y tendió una
toalla. Bostezó, se desperezó y se fué al dormitorio; se paró un momento
para escribir una nota a la maestra, contó el dinero para la excursión y
cogió un libro que estaba debajo de la silla; firmó una felicitación
para un amigo y escribió la dirección en el sobre, escribió una nota
para el charcutero y colocó todo junto a su bolso. Mamá, a continuación,
se lavó la cara con las toallitas, se puso crema antiarrugas, se lavó
los dientes y se aseo cuando Papá gritó: "pensaba que te estabas yendo a
la cama"; "estoy yendo", dijo ella, puso un poco de agua en el bebedero
del perro y apagó la luz de la entrada; dio una ojeada a los niños, les
apagó las luces y la televisión, recogió una camiseta, tiró los
calcetines a la cesta de ropa y habló con uno de ellos que estaba
todavía haciendo los deberes. En su habitación puso el despertador, preparó la ropa para el día siguiente, ordenó mínimamente el zapatero; añadió tres cosas a las seis de la lista de las cosas urgentes, dijo sus oraciones y visualizó el alcanzar sus propios objetivos... en ese momento Papá apagó la televisión y anunció: "me voy a la cama" y lo hizo, sin otros pensamientos.
¿Nada extraordinario?...
Las mujeres están hechas para los largos recorridos... tienen demasiadas cosas que hacer.