Una estación bucólica y melancólica a partes iguales, el otoño pisa fuerte para hacerse notar.
Momento de berrea, mangosto, boletus, charquitas resurgidas, bajada moderada de temperaturas, precipitaciones llevaderas... así se encuentra el momento otoñal...
Una estación encantada que tiene su magia en
los colores, olores, sentidos, noches, lunas... Días en los que, a pesar de bajar la intensidad, crece la maravilla del instante.
Hasta enfundarse en los plumas, merece la pena llenarse de las brisas, las cálidas aguas y las mañanas a media luz. Hasta las gélidas temperaturas, habrá que tomar fuerzas de las anticipadas noches de suavidad, las lunas cristalinas que acompañan caminatas relajantes, los chasquidos anestesiantes bajo los pasos, los arrullos entre ramas en parajes solitarios, la magestuosidad de visiones al horizonte...
Gran momento hace el otoño!
En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón, puro y solo;
arde a veces mi corazón, puro y solo;
el viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!
Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo;
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas;
un roce, un son, un giro, un ala apenas.
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!
Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo;
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas;
un roce, un son, un giro, un ala apenas.
Busco dentro mí
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros...
Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros...
Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.

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