Agosto... angosto, angustioso, agorero. No sé porqué me vienen a la cabeza estos adjetivos al escuchar el término agosto; no me lo recuerda ni me lo produce pero... son palabras que me "pegan"...
Hace mucho tiempo ya, el mes de Agosto era el más triste, casi, del año porque significaba el final de lo bueno y el retorno a las obligaciones; este año, sin embargo, estoy viendo menguar los días sin especial tristeza. Recuerdo cómo iba contando los días que faltaban para el comienzo del nuevo curso y toda nerviosa preparaba hasta el más mínimo detalle para la perfección del nuevo curso: la cartera, el estuche, los libros, cuadernos y carpetas... adoraba el olor a papel que impregnaba mi habitación durante esos días, siempre he tenido debilidad por los objetos de papelería... Aún así, emocionada por la puesta a punto del material más bonito, una sensación de tristeza me invadía: regreso a las obligaciones, la tarea, el madrugar, los nervios ante los exámenes... qué sensación de desasosiego!!!! Lo recuerdo ahora con ternura y me entra la risa al plasmarlo, qué tiempos aquellos!!!! Esa forma de vivir el comienzo del curso me acompañó durante todo mi tiempo de estudiante, de la escuela formal, hasta acabar la universidad; es curioso cómo el paso de los años en cosas no ayudan a mejorar y continúas con tus pequeñas manías y recelos...
Al abandonar la educación formal y dedicarme sólo al laburo (siempre me ha gustado más "laburio", :P) la llegada de Agosto era la cuenta atrás pero para el descanso; con este mes llegaba el empujón final del cambio de temporada con un reposo, más que merecido, entre un período y otro... Este año cambia. Todo se me solapa. Tendré vacaciones pero estarán destinadas a la preparación del nuevo curso y a la programación de las actividades... Ganas de un pequeño aislamiento, que libere cuerpo y mente, alma y aura... Necesidad de un relax y tiempo y espacio para coger aire antes de continuar para el nuevo curso.
Se acaba el verano pero sin pena, tampoco gloria, y hoy, viendo fotos... añoré el otoño con su caída de hoja, su manto ocre, sus bosques pelados tan bucólicos y románticos... Ya, en este tiempo, con la rebequita de la mañana, voy preparando para el paso del desenfrenado verano, que tiñe de color y calor por donde pasa, a la llegada de esa estación tan especial por morriñosa...
Adios, verano, adios...
Y así, sin apenas apreciarlo, pasa el tiempo...
El final del verano llegó y tú partirás.
Yo no sé hasta cuando este amor recordarás
pero sé que en mis brazos yo te tuve ayer;
eso sí que nunca, nunca, yo olvidaré.
Dime, dime, dime, dime amor,
dime, dime, que es verdad
lo que sientes en tu corazon
si es amor en realidad.
Nunca, nunca, nunca, nunca más
sentiré tanta emoción
como cuando a ti te conocí
y el verano nos unió.
(Siempre me ha emocionado esta canción, quizá por triste, quizá por esperanzadora...
Esta canción siempre me ha resultado especial...)
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