viernes, 8 de junio de 2012
OLOR A AZAHAR
Recuerdo que al llegar ni me miraste;
fui sólo una más de cientos
y, sin embargo, fueron tuyos los primeros voleteos.
Cómo no pude darme cuenta que hay ascensores prohibidos,
que hay pecados compartidos y que tú, estabas tan cerca...
Me disfrazo de ti,
te disfrazas de mí
y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.
Muerdo el agua por ti,
te deslizas por mí
y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.
Mis anclajes no pararon tus instintos
ni los tuyos mis quejidos
y dejo correr mis tuercas y que hormigas me retuerzan.
Quiero que no dejes de estrujarme sin que yo te diga nada,
que tus yemas sean telarañas enganchadas a mis vértices.
No sé que acabó sucediendo,
sólo sentí dentro dardos;
nuestra incómoda postura se dilató en el espacio.
Se me hunde el dolor en el costado,
se me nublan los recuerdos;
tengo sed y estoy tragando, no quiero no estar a tu lado.
Me moriré de ganas de decirte
que te voy a echar de menos…
Y las palabras se me apartan, me vacían las entrañas.
Finjo que no sé y que no has sabido,
finjo que no me gusta estar contigo…
Y, al perderme entre mis dedos, te recuerdo sin esfuerzo.
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