Muchos días sin venir, sin pasar, sin parar... y sin saber qué contar. Con el paso del tiempo, las palabras se quedan cortas, les cuesta salir más de lo habitual, se vuelven más introvertidas. En algún momento, lo que sí he hecho, ha sido dedicar mi tiempo al repaso de esta parte de mí y de las partes más o menos cercanas... siempre me hace esbozar una sonrisa; releyendo historias, observando el paso del tiempo, comparando el paso del tiempo... en fin, echada de vista atrás con morriña y siempre, sacando punta a las novedades existentes que en su día pasaron inadvertidas.
Hoy, domingo de Resurrección, se pone fin a la Semana Santa zamorana, se hacen los preparativos para el comienzo de la semana y se recapitula en lo realizado en estos días... para así, poder resucitar y volver a la monotonía del mundo laboral.
En sí, los cuatro días de descanso han sido buenos pero, ahora ya se ve de otra manera... Las mejores procesiones me las perdí por cuestiones de trabajo, otras no saliron por cuestiones climatológicas y, algunas preferí tomar algo en lugar de pelar frío... Lo peor, que después de estar dos semanas esperando y preparando, abrí los ojos esta mañana y ya se ha pasado todo!!!!
Noches largas, eternas, más bien amaneceres... como hacía años que no lo hacía y... lo cierto es que bien pero los cuerpos pasan de los 20 años y necesitan más tiempo de recuperación. El ambiente, mucho; todo plagado de gente por todos los sitios, la crisis se ve menos de lo que se escucha aunque, sí es cierto que menos que otros años. Los desfiles, igual de impresionantes, por lo menos los que vi pero, este año el tiempo chafó las devociones y se presentó con lluvia los mejores días y, el resto, casi todos con mucho frío, excepto el miércoles... Lo demás, sin ganas de profundizar; echémosle la culpa al bajón postdescanso, al sueño acumulado, al mal cuerpo que deja la noche amanecida... pensamientos, comparaciones, observaciones... que poco a poco me explican el porqué de determinados huecos pero, es obvio; soy muy afortunada en la mayoría de las cosas, soy feliz a un porcentaje altísimo y sería egoísta queriendo tenerlo todo y desagradecida al quejarme por algunas carencias... De todas formas, aunque a veces no gusta y duele profundizar, creo que con una práctica introspectiva, no haría falta buscar explicación y debería asumir lo que tan claramente vería en personas ajenas... empezando por dejar de poner como excusa al resto del mundo.
Momento, sin saber porqué, de reflexión, de valoraciones y análisis... seguro que, aunque no es de lo más grato, ayuda a que mañana la sonrisa sea mayor porque, aunque varíe de tamaño, nunca se pierde del todo.
FELIZ REGRESO
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